Jóvenes que se atreven a cambiar la realidad

Solidaridad en la Villa 21

Jóvenes que se atreven a cambiar la realidad

Un grupo de adolescentes de entre 18 y 24 años comparten juegos y actividades con niños de la Villa 21 para ayudarlos a cambiar su situación.

En los últimos meses hemos escuchado innumerables noticias sobre secuestros, asesinatos y robos que se llevaron a cabo en la Villa 21 o sus alrededores. Probablemente la más resonante haya sido la amenaza de muerte al Padre José María Di Paola, más conocido como Padre Pepe quien había denunciado públicamente que la droga se encontraba legalizada en la Villa 21 y que los narcos podían trabajar impunemente.

Ante estos acontecimientos fueron muchos los que comenzaron a realizar prejuicios sobre la 21 y sus habitantes. Sin embargo, hubo un grupo de jóvenes de entre 18 y 24 años que no se intimidaron, por el contrario lograron encontrar fuerzas para intentar cambiar esa realidad.

Los chicos comparten juegos

Los chicos comparten juegos

Todos los domingos a las 9 de la mañana 15 chicos se reúnen en una de las esquinas más elegantes del barrio de Recoleta y parten hacía las periferias de la Ciudad, ahí dónde no existen edificios, dónde el asfalto todavía no llegó, dónde no existen oficinas, dónde el olor de los deshechos que día a día son arrojados al Riachuelo perfuma cada esquina.

Atraviesan toda la Villa hasta llegar a un gran terreno baldío, seguramente el único que existe en todo el barrio. Allí unos 30 chicos de entre 6 y 15 años los esperan ansiosos para jugar, compartir el desayuno y lo más importante, hablar.

Junto al Padre Pepe compartiendo Misa

Junto al Padre Pepe compartiendo Misa

Los “profes”, como los llaman los chicos, cumplen un papel fundamental en la vida del barrio. Alexis un chiquito de 6 años que vive con su madre paraguaya y sus 4 hermanos en una de las casillas más humildes de la villa dice que espera toda la semana para que sea domingo, es el día más feliz, se siente importante, “todos los profes trabajan para mí”. No se equivoca, los “profes” se encargan de hacerle sentir a cada chico que él es único y que durante esas horas, como dice Laura (14 años) “no hacemos más cosas de grandes, hacemos cosas de chicos”.

Todo surgió hace dos años cuando Guillermo (21 años) se acercó al Padre Pepe y le preguntó como podía ayudar. El cura le contestó que la obra de su Iglesia no había llegado a la parte más nueva de la Villa, y que si él se animaba podía empezar a trabajar ahí. “Al principio éramos cuatro, era raro, no sabíamos que hacer, llegábamos y no teníamos nada armado, nadie nos conocía, nos sentíamos extraños”, cuenta Guillermo. “Poco a poco los chicos se fueron acercando y nosotros pasamos de ser 4 a ser 15, comenzamos a planificar actividades y conseguimos gente que nos done alimentos para el desayuno”. Hoy se ha convertido en parte de la rutina de todos los chicos de la Villa, ya ninguno duda que hacer los domingos a la mañana.

Guillermo y sus compañeros saben que probablemente la 21 sea uno de los lugares más peligrosos de Buenos Aires, y cada vez que escuchan una noticia violenta sobre la villa se alertan y se preocupan pero no se asustan. “Mis amigas me dicen que estoy loca, y a mis viejos les da un poco de miedo, pero yo se que lo que hacemos es importante, y tengo la ilusión de que en alguna medida estamos ayudando a cambiar el futuro de estos chicos”, dice Maca (19 años), una de las “profes”.

Mientras los políticos se pelean por si la pobreza aumenta o disminuye. Mientras los opinólogos discuten sobre que medidas son las más efectivas para terminar con la indigencia. Mientras muchos adultos acusan a los jóvenes de vivir ajenos a la realidad que los rodea. Estos chicos prefieren evitar  enredarse en grandes debates y demostrar que no solo son conscientes de las injusticias que existen sino que también intentan cambiarlas.

Fotos: Tomás Vio

Una respuesta

  1. Hola, Tomás.
    El tema es bueno y tiene posibilidades, pero me parece que se te pasó contar la experiencia. Le falta relato a la crónica.
    Hay un dato importante que omitís y es la precisión del dónde: en qué lugar de la ciudad está la Villa 21.
    Tiene unos cuantos errores de redacción más bien básicos, que te marcaré en el impreso.
    Bien las fotos.
    Los enlaces son de otro medio digital a falta de uno propio, pero seguramente hay buenas páginas para dirigir al lector, fuera de lo que podríamos considerar una “competencia”.
    TP aprobado.
    Saludos, marita

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